También les invito a encontrarse
con el Señor leyendo frecuentemente la Sagrada Escritura. Si no están
acostumbrados todavía, comiencen por los Evangelios. Lean cada día un pasaje.
Dejen que la Palabra de Dios hable a sus corazones, que sea luz para sus pasos
(cf. Sal 119,105). Descubran que se puede “ver” a Dios también en el
rostro de los hermanos, especialmente de los más olvidados: los pobres, los
hambrientos, los sedientos, los extranjeros, los encarcelados (cf. Mt
25,31-46). ¿Han tenido alguna experiencia? Queridos jóvenes, para entrar en la
lógica del Reino de Dios es necesario reconocerse pobre con los pobres. Un
corazón puro es necesariamente también un corazón despojado, que sabe abajarse
y compartir la vida con los más necesitados.
El encuentro con Dios en la
oración, mediante la lectura de la Biblia y en la vida fraterna les ayudará a
conocer mejor al Señor y a ustedes mismos. Como les sucedió a los discípulos de
Emaús (cf. Lc 24,13-35), la voz de Jesús hará arder su corazón y les
abrirá los ojos para reconocer su presencia en la historia personal de cada uno
de ustedes, descubriendo así el proyecto de amor que tiene para sus vidas.
Mensaje Jornada de la Juventud 2015
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